CRÍMENES DEL FUTURO: La mano y los seis dedos, de Ram V, Laurence Campbell, Dan Watters, Sumit Kumar y Lee Loughridge
Artículo publicado en Diario Sabemos el 17 de noviembre de 2025
Cuando escribo sobre un cómic,
normalmente empiezo por ponerlo en contexto, hablando de sus autores, de las
circunstancias de su edición o de la fama que lo precede; una vez hecho esto,
paso a destripar la obra en sí. Hoy quiero invertir el proceso. Voy a ir al
grano con una descripción lo más precisa posible de lo que vamos a encontrar
entre las cubiertas de La mano y los seis dedos, de Ram V, Laurence
Campbell, Dan Watters, Sumit Kumar y Lee Loughridge: un cómic al que yo
definiría como un cruce perfecto entre Blade Runner de Ridley Scott y
From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell.
De Blade Runner toma su
ambientación opresiva, proyección futurista de la serie negra. La mano y los
seis dedos transcurre en la megalópolis de Neo Novena en el año 2873: un
marco temporal tan alejado de nuestro presente que no corremos el riesgo de que
se nos eche encima dentro de unos años, como ya ocurrió con el 2019 de la
mítica cinta de Ridley Scott, con el 2001 de Kubrick, con el 1992 en que
Katsuhiro Otomo fechó el cataclismo nuclear que acabaría con Tokio, o con el
1986 en que Pierre Christin y Jean-Claude Mézières visualizaron una ciudad de
Nueva York arrasada por aguas turbulentas. Pasadas estas fechas, hemos
comprobado que el mundo sigue en pie (de hecho, con un aspecto más ranciamente
familiar de lo esperado), pero tratándose de finales del tercer milenio podemos
esperar cualquier cosa. Sin embargo, el entorno urbano que sirve de escenario a
La mano y los seis dedos, aun tratándose de un futuro tan lejano,
presenta una apariencia muy similar al nuestro, con casas de ladrillo, trajes
de chaqueta, oficinas con falso techo, neones parpadeantes, relojes de pulsera
y referentes culturales contemporáneos: uno de los leitmotivs del cómic
son las alusiones intertextuales a la obra de teatro de Cormac McCarthy El
Sunset Limited.
La urbe de Neo Novena envuelve a los
personajes como un protagonista más: una ciudad nocturna donde siempre llueve
(“lágrimas en la lluvia”, que decía Roy Batty), surcada de callejones oscuros,
bajos fondos y sórdidas escenas del crimen que recuerdan a la estética de Seven
(David Fincher, 1995) o a Sin City de Frank Miller. Al igual que Blade
Runner, este cómic es un noir ciberpunk, en cuya trama poco a poco
va cobrando mayor presencia el dilema existencial que pone en diálogo al humano
con la máquina, diluyendo las fronteras entre ambos. Ya los llamen
replicantes o peones, las dos obras nos confrontan con robots demasiado
humanos, provistos de identidades y emociones propias: máquinas filosóficas en
busca de la razón (o la sinrazón) de su existencia, que sufren con las
contradicciones inmanentes en su propio ser y que posiblemente sueñen con
ovejas eléctricas.
Por otra parte, al igual que From
Hell, La mano y los seis dedos es un relato sobre un asesino en
serie; pero no se trata de un asesino vulgar, sino de uno sublime. El crimen es
mucho más que un acto de violencia: cobra la dimensión de un ritual que permite
al asesino trascender la realidad, abrir fisuras en el espacio-tiempo y
restablecer quizás el orden cósmico. En su modus operandi hay ecos de
civilizaciones arcanas y huellas de alfabetos perdidos. Tanto From Hell
como La mano y los seis dedos nos presentan la figura de un asesino que
se mueve por la ciudad aprovechando sus geometrías ocultas: William Gull
seguía las leylines invisibles que atraviesan Londres, trazando en sus
paseos un pentáculo sobre el mapa de Whitechapel, igual que Johannes Vale se
abre caminos imposibles a través de los muros de Neo Novena quebrantando las
leyes de la física. Gull y Vale son médiums, entregados al asesinato como via
mystica. Queda a discreción del lector juzgar si se trata de profetas o enfermos mentales (o ambas cosas a
la vez).
Lo verdaderamente original de La mano y los seis dedos es la forma en que los autores
estructuran el relato. El punto de vista se desdobla, metiéndonos
alternativamente en la piel del asesino y en la del detective que lo persigue:
un efecto Rashomon que cuenta los mismos hechos desde dos perspectivas diferentes.
Las vidas de los dos protagonistas se intersecan de distintas maneras: dos
desconocidos que se tropiezan en la calle, coinciden en una fiesta o confluyen
en la escena del crimen. Asesino y cazador actúan como opuestos y
complementarios: ambos son necesarios para el desarrollo de la acción, igual
que para aplaudir se necesitan las dos manos (un símil utilizado en el
guion). Image, la editorial original del cómic, lanzó los dos puntos de vista
en series diferentes, sacándolas al mercado americano como grapas que iban
alternándose en su publicación: La mano cuenta la historia desde los
ojos del detective, mientras que Los seis dedos lo hace a través de la
mente del asesino.
Cada una de las series corre a cargo
de un equipo artístico diferente. La mano cuenta con el dibujo de
Laurence Campbell y el guion de Ram V, ese autor originario de Mumbai que hace
poco nos dejó a todos boquiabiertos con Las muchas muertes de Laila Starr
(2021). Los seis dedos está guionizada por Dan Watters y dibujada por
otro autor de la India, en este caso de Delhi: Sumit Kumar. La edición que
Norma trae a nuestro país funde ambas series en un único tomo; las dos se
enroscan y se complementan desplegando la historia con un pulso soberbio y
llevándola a su clímax a dúo. La unidad lograda entre las dos mitades es
posible gracias a la compenetración del equipo creativo, pese a su dispersión
global: Dan Watters y Ram V, padres intelectuales de la obra, colaboran
estrechamente como miembros del colectivo británico de autores de cómic White
Noise. Lee Loughridge es el colorista de ambas partes de la serie, lo que favorece
su continuidad visual. Alternar distintos dibujantes para contar una única
historia no siempre es una decisión afortunada, como en la fallida Somna
de Becky Cloonan y Tula Lotay que Norma ha publicado también este año. Pero
aquí sí funciona, dotando de variedad a la unidad y reforzando el carácter dual
de la obra.
Esta oscura espiral que es La
mano y los seis dedos es toda una lección de cómic, con un guion sólido y
una ejecución deslumbrante. La globalizada
plantilla de artistas que lo hace posible despliega una admirable combinación
de oficio y osadía. No busca aleccionar al lector en modo alguno, sino
construir una ficción impactante y de factura impecable a todos los niveles. De
lo mejorcito que he leído este año.

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