Artículo publicado en Diario Sabemos el 27 de diciembre de 2025
Hablar del canadiense Jeff Lemire es
hablar de uno de los guionistas de cómic más reputados, prolíficos y
camaleónicos de la actual escena norteamericana. Su currículum asusta. Si sois
de esas personas que se abruman fácilmente con las avalanchas de datos, os
aconsejo que os saltéis este párrafo. En los últimos quince años Lemire ha
trabajado extensivamente en el mercado de superhéroes, escribiendo guiones para
algunas de las series más populares de Marvel y DC: Batman, Supermán,
Flecha Verde, Animal Man, La cosa del pantano, La Liga
de la Justicia, La Patrulla X, Ojo de Halcón, Caballero
Luna y Hulk entre muchos otros. Bajo el sello de Image Comics ha
creado series de ciencia ficción del calibre de Descender o Gideon
Falls, y Dark Horse le ha estado publicando sus numerosas historias del
universo Black Hammer: una serie que sacudió en la década de 2010 los
cimientos del género superheroico igual que treinta años antes lo hizo Watchmen
de Alan Moore y Dave Gibbons. Y ojo a Carretera fantasma, la serie en
curso que firma junto al dibujante Gabriel Hernández Walta, un cóctel explosivo
de road comic y thriller sobrenatural que me tiene mordiéndome
las uñas a ras de pellejo esperando el lanzamiento de su tercera entrega. Como
podéis imaginar, en tal despliegue de obras publicadas ha colaborado con
algunos de los mejores pinceles del cómic americano: Dean Ormston, Dustin
Nguyen, Andrea Sorrentino, Bill Sienkiewicz, Scott Snyder o Ray Fawkes, por
citar solo unos pocos. Sin embargo, los primeros pasos de Jeff Lemire fueron
como autor completo.
Fue como dibujante de sus propias
historias como inicialmente ganó notoriedad en Canadá y el mundo entero con su
memorable trilogía Essex County (2005-2008), y desde entonces ha seguido
prefiriendo ilustrar él mismo sus obras más personales y alejadas del mainstream.
El estilo visual de Lemire resulta de apariencia más europea que americana.
Utiliza una pincelada suelta, taquigráfica, cuyo uso expresionista del trazo y
de la mancha recuerda a un Frederik Peeters, a un Edmond Baudoin o incluso a
los Breccia. Entre las obras que firma como autor completo cabe citar títulos
tan singulares como Sweet Tooth (una distopía rural protagonizada por un
niño ciervo), Nadie (una personalísima relectura del mito wellsiano del
hombre invisible), o la que hoy nos ocupa: Arcanos menores, cuyo primer
volumen acaba de publicar Boom! Studios en USA y Astiberri en España, en su muy
egregia colección Sillón Orejero. Con estos antecedentes, no podemos sino
acercarnos a esta serie con muy altas expectativas.
En Arcanos menores, Lemire
vuelve a sus raíces y ambienta la historia en el medio rural canadiense,
concretamente en Limberlost, un municipio ficticio a la orilla de uno de los
Grandes Lagos. Yo apostaría a que se trata del Ontario, y que la región es ese
condado de Essex donde el autor pasó sus años de infancia. La protagonista,
Theresa St. Pierre, regresa a su Limberlost natal tras pasar años en la ciudad;
y no lo hace por gusto, sino para cuidar a su madre, sola y enferma de cáncer.
Se trata, por tanto, de un reencuentro forzoso con sus raíces: un incómodo
retorno a Ítaca con sabor a fracaso y melancolía. Como parte de sus cuidados,
Theresa se verá obligada a atender contra su voluntad el negocio familiar, una humilde
tiendecita de astrología. Sin embargo, esta demostrará ser, incluso para la
amargada y descreída Theresa, mucho más que un negocio que se aprovecha de la
credulidad de sus clientes; el gabinete astrológico de mamá St. Pierre se
revelará como un nodo de vínculos emocionales que conectan a los distintos
vecinos de Limberlost, a los vivos y a los muertos. El sistema simbólico en que
se codifican sus relaciones, sus dramas y sus deseos no es otro que el tarot.
Lo atractivo del tarot es que se
trata de un microcosmos: un sistema cerrado y autocontenido. Un pueblo también
lo es. Jeff Lemire ha sabido identificar esta correspondencia (quod superius
sicut inferius, que decían los grimorios), proyectando el conjunto de los
arcanos del tarot, con toda su carga simbólica, sobre el grupo de personajes
que componen la comunidad de Limberlost. Theresa, errabunda y conflictiva, es El
Loco; su madre, La Suma Sacerdotisa. La joven que escancia agua en el naipe de La
Estrella es la camarera del diner de Limberlost, jarra de café en ristre;
El Carro es el pick-up del difunto abuelo; La Torre, el hotel de mala
muerte donde se consuman los adulterios. También Alejandro Jodorowsky,
entusiasta del tarot a la par que guionista de cómic, acostumbra a servirse de
los arcanos para desarrollar el argumento y los personajes de sus historias; el
uso de esta técnica es especialmente evidente en su Incal. Tanto la obra
maestra de Jodorowsky y Moebius como este Arcanos menores de Jeff Lemire
están protagonizados por un personaje que encarna la carta sin número, la de El
Loco: John Difool (literalmente “The Fool”) y Theresa St. Pierre,
respectivamente. En palabras del propio Jodorowsky en su libro La vía del
tarot, El Loco “representa la energía original sin límites, la libertad
total, la locura, el desorden, el caos, o el impulso creador fundamental […]. La frase clave
de El Loco podría ser: ‘Todos los caminos son mi camino’.” Cuando ponemos un
arquetipo tan preñado de potencialidades en manos de un buen guionista, nada
puede salir mal.
A través de la lectura del tarot, Arcanos
menores explora lo onírico; a través de lo onírico, lo sobrenatural. Desde
el pueblo donde transcurre la acción se puede acceder a una dimensión paralela,
de carácter psíquico; pero no se trata de un portal hacia un mundo exterior,
ajeno y desconocido (como ocurre, por ejemplo, en la serie Stranger Things o
en It de Stephen King), sino hacia un mundo interior compartido por la
comunidad: el paisaje emocional colectivo de los habitantes de Limberlost. Este
inteligente viraje hacia lo íntimo en una trama que coquetea con lo
sobrenatural y con el realismo mágico define el mood predominante en el
cómic: una atmósfera crepuscular, vibrante de misterios, en la que se retrata
la vida en un pequeño pueblo canadiense. Algo así como un Twin Peaks sin
asesinatos… de momento. Porque esta es solamente la primera entrega de una
serie que, desde luego, promete. Y en el choque de los arcanos cualquier cosa
puede pasar.

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